DE VIENA A BUDAPEST EN BTT

• Martes 3 de julio de 2007: Salimos del hotel "Ciutat del Prat" (130 €) en bicicleta después de que el día anterior viniéramos de Cambrils y Barcelona en tren y de que tras infructuosa búsqueda por toda la población no nos quedara más remedio que alojarnos en el lujoso 4 estrellas. Llegamos al aeropuerto y lo primero que vimos fue unas colas impresionantes para facturar con Clickair, pedimos vez y mientras nos dedicamos a la ardua tarea de desmontar las bicis y colocarlas, como buenas chicas, dentro de las bolsas. Al llegar a facturar nos preguntan por el tique de las bicis, nosotros pensábamos que entraban dentro de la franquicia del peso total, pues no, eso es en Iberia pero en su operadora Clickair hay que abonar 35€ por cada una... el vuelo salió a las 11,00 y llegó a las 13,15 a Viena, vuelta a montar las bicis y subirnos en un tren (el revisor nos tuvo que ayudar a sacar los billetes de la máquina), el cual nos dejó bastante cerca del "Etap Hotel" (52 €/noche) del que teníamos reserva. Nada más aterrizar ya nos damos cuenta de lo duro que es ir por ahí sin saber idiomas, lo cual volvimos a comprobar en el mismo hotel y en todo el recorrido... Dejamos los equipajes y con las bicis sin lastre volamos hacia el centro histórico por el carril-bici del canal del Danubio, manejamos bien el mapa de la ciudad y circulando por la calle semipeatonal más chic de Viena, la Kohlmarkt, entramos en Hendenplatz y recorremos varios sitios interesantes por allí enclavados.

 

VIENA


• Miércoles 4 de julio de 2007: Después de desayunar y con tiempo algo lluvioso, emprendemos otra vez el pedaleo a la búsqueda de otros museos, otras iglesias, otras edificaciones, parques y avenidas para que se nos queden grabadas en nuestra sutil memoria la cual sólo funcionará al cien por cien cuando leamos algo de lo visitado o nos recreemos con las imágenes captadas. Así entramos en el museo Belvedere, disfrutando de cuadros famosos, paseamos por sus bonitos y cuidados jardines, la catedral de San Esteban, museo Sisi, iglesia de San Carlos, el Palacio Imperial, el Teatro, el Parlamento... y en general nos dimos vuelta con las bicis por bastantes sitios del centro de la ciudad, no recordamos dónde comimos, pero sí que compramos por la mañana para picar unas cajitas de arándanos y frambuesas a unos precios muy asequibles, la cena la hicimos en unos chiringuitos muy bien montados situados al borde mismo del carril bici del canal, allí el ambiente juvenil era muy bullicioso, como si fuera el botellón zaragozano pero sin ningún problema de orden, con buena música, buena cerveza y muchas bicis aparcadas. Enfrente mismo, al otro lado del canal, un edificio moderno se ilumina por la noche todo él con un sistema programado que nos embelesa por su calidad y variedad lumínica. Ya cerca del hotel, un viejo edificio antigua fábrica que parece estar okupada, sirve de recinto en el que conjuntos heavys ofrecen conciertos siendo el ambiente y el colorido apropiados para la ocasión, nos damos una vuelta pero no intentamos entrar.


• Jueves 5 de julio de 2007: Bajamos temprano a desayunar, recogemos las bicis guardadas en el garaje del hotel y como ya habíamos estudiado el mapa para cómo salir de Viena no tardamos en tomar posesión otra vez de nuestro carril bici del canal para, esta vez a favor de la corriente, emprender la marcha que nos llevará a no se sabe bien a ciencia cierta dónde, pues después de atravesar el Danubio por un impresionante puente muy bien preparado para bicis y peatones llegamos a una zona en la que los carteles son escasos y difíciles de interpretar, un río que no es el Danubio sino el "Nuevo Danubio", nos metemos de lleno en un inmenso parque llamado "Prater" para darnos cuenta al final que habíamos ido en dirección contraria por caminos de bosque dando incluso un rodeo para volver al mismo sitio. Por fin, damos con el camino correcto y como queriendo recuperar el tiempo perdido vamos a buena marcha por encima de un faraónico muro de contención de tierra en forma trapezoidal y asfaltado en su base que transcurre paralelo al río durante abundantes kilómetros admirando el paisaje que se caracteriza por grandes extensiones planas de cultivos de cereal rodeados de una increíble floresta muy intensa. Toda la zona es de gran valor natural y está integrada en el gran parque nacional de Donau-Auen siendo la última ciudad austriaca antes de en entrar en Eslovaquia Hainburg, en la frontera enseñamos el DNI y pasamos sin ningún problema. Entrada la tarde llegamos a Bratislava pero antes hemos de cruzar el inmenso puente sobre el Danubio, damos unas vueltas buscando hoteles y los pocos que hay son muy caros, no obstante, siguiendo un anuncio vamos a dar a la "Penzión Vilo" (52 €) después de superar una durísima e interminable cuesta. El mismo dueño nos cambia euros por coronas eslovacas. La habitación es confortable y limpia y además podemos dejar las bicis sin problema en su garaje. Visitamos un poco la ciudad ya de noche, la cual disfruta del clásico ambiente de verano en sus calles, relajado, concentrándose en su zona antigua los restaurantes para turistas, seguramente los más caros de la ciudad. Camareros jóvenes que conocen todas las lenguas te invitan a entrar en el local ofreciendo los típicos platos de Eslovaquia como el goulasch, en uno de ellos nos dejamos secuestrar y nos llevan a un sótano en forma de cueva el cual se ilumina a base de velas y donde una orquestina expande su musiquilla como si de una película de espías se tratara. Pedimos platos un poco a la desesperada porque aunque la carta tiene foto de cada plato, nunca se acierta exactamente con su contenido. En la factura, venían conceptos extrañísimos que no pudimos descifrar, uno de ellos era el de la equisava parte del coste de la orquestina y otro el importe del uso de los cubiertos... algo tendrán que cambiar si quieren adaptarse a las maneras más occidentales.

80 Km.


• Viernes 6 de julio de 2007: Antes de desayunar, decidimos visitar la ciudad, subiendo al castillo visible desde casi todos los puntos de la ciudad, dominando la capital desde lo alto de una colina. Después recorrimos las calles de su casco antiguo, visitando la plaza del antiguo ayuntamiento, la puerta de San Miguel y su iglesia, la catedral y las curiosas esculturas en bronce, encontrando en una de sus estrechas calles la embajada de España. Después de cruzar otra vez el puente y en la mitad de su vano, uno se pregunta como se pueden construir los pilares en medio de un río tan caudaloso. Desayunamos en un MacDonalds y enseguida nos metemos en ruta muy bien indicada y que nos lleva por un talud siempre paralelo a un inmenso canal navegable a nuestra izquierda teniendo el Danubio a la derecha pero sin verlo en muchos kilómetros. Durante un buen trozo nos acompaña un ciclista jubilado con bici de carretera, el cual nos vino muy bien para atravesar sin miedo una zona en obras que si llegamos a hacer caso a las señales nos hubiera obligado a hacer un rodeo. Durante el camino vemos algunos chiringuitos muy cuidados al lado de la ruta, pero casi vacíos por lo prematuro aún del verano, en uno de ellos nos tomamos unos bocatas porque no hay restaurantes en el pueblo de al lado y es que a menudo, la ruta atraviesa zonas despobladas en las que hay que desviarse para poder comer. En un momento dado y después de haber pedaleado durante más de 25 Km. por una recta inacabable, la ruta gira a la izquierda y pasando por una zona turística llena de centrales hidroeléctricas entramos en Gabcikobo, desde allí y por carretera nos dirigimos a la frontera con Hungría en Medvedov donde el mismo río hace de frontera y queremos ir a Györ como final de etapa, la carretera es nacional con un tráfico pesado muy peligroso al no haber ningún tipo de arcén, además hay letreros indicando la prohibición de circular bicis así que con estos bagajes la abandonamos y nos metemos en una pista paralela al río que al principio indicaba dirección Györ por ruta ciclista, el firme era infernal de piedra riera gorda y muy suelta que hacía difícil avanzar, de cuando en cuando divisábamos caseríos y pequeños pueblos pero como no veíamos ningún letrero seguíamos adelante hasta que ya bastante agotados nos desviamos a coger una carreterilla asfaltada y por ella llegamos a un pueblecillo llamado Vének en el cual, con muchos problemas de idioma, preguntamos por algún alojamiento y al final un vecino que guardaba las llaves de un campamento de colonias de verano se ofreció a darnos habitación y nos acompañó a una mini-tienda para que pudiéramos comprar algo de comida y poder cenar y desayunar, con el hombre nos entendíamos un poco gracias a un mini-diccionario en alemán que llevábamos, jajaja qué desastre.

75 Km.


• Sábado 7 de julio de 2007: Desayunamos tranquilamente en nuestro albergue y presentándose el señor le pagamos lo acordado (20 €) y nos acompaña hasta un pequeño embarcadero en el cual ya nos estaba esperando el barquero para pasarnos al otro lado de un afluente del Danubio. Nos metemos en carretera importante pero no había mucho tráfico al ser sábado, también encontramos la señal de prohibido circular bicis y tractores porque no había prácticamente arcén, pero de cuando en cuando nos cruzábamos con algún ciclista y ello nos animaba a seguir hacia delante en busca de Komarom y su vecina eslovaca al otro lado del río, Komarno. Paramos en un pueblo grande y como no teníamos moneda húngara sacamos en un cajero y compramos alguna cosa en el mercado, muy animado por ser sábado. Llegados a Komarom fuimos a buscar una tienda de bicis para ver si me podía arreglar los frenos de discos que me rozaban un montón y aunque estaba cerrado, pudimos contactar con los hijos del dueño y me afinaron un poco la rueda de delante. Después comimos en un buen restaurante al lado del puente fronterizo, bebimos de una fuente con agua férrica y nos pasamos al otro lado para visitarla y buscar pensión. Allí nos encontramos con una pareja alemana que también iba de travesía y tenían reservado hotel. En general y siempre que se podía, procurábamos entendernos en francés y ello nos sirvió para desentrañar más de una conversación y poder seguir adelante. Como no encontramos nada a nuestra medida, nos volvimos otra vez a Hungría o sea a Komarom pues al ser una ciudad termal disponía de infinidad de hoteles, alojándonos en un hotel-camping con derecho a utilizar unas termas próximas (58 €).

35 Km.

• Domingo 8 de julio de 2007: Desayunamos en el mismo hotel a la manera húngara aunque fue dificilísimo entenderse con la cocinera-camarera y ya emprendimos la marcha hacia el otro lado donde el día anterior ya habíamos localizado por donde comenzaba la ruta hacia nuestro próximo destino: Sturovo y Esztergom. Como de costumbre, los guardas fronterizos nos hacen parar y nos piden documentos pero con nuestros DNI no nos ponen ninguna pega. La ruta es muy solitaria y el piso sin ser malo no es el asfaltado de Austria o de la primera parte de Eslovaquia, hay continuos carteles así que no tenemos problemas de orientación además el río está siempre a nuestra derecha, cada vez que pasamos cerca de un pueblo éste tiene un camino hacia el río y perpendicular a él, atravesando nuestra ruta. Como habíamos comprado comida y queríamos visitar algún pueblo entramos en uno y en un merendero al lado de su iglesia llena de fieles por ser domingo nos comemos algo de fruta, allí conocemos a un suizo jubilado que hablaba español por haber estado casado con una española, aunque ahora se había vuelto a casar con una húngara y estaba de turismo por la vecina Eslovaquia. Nos comentó que hace unos años, cuando se jubiló, con su paga de francos suizos vivía muy bien y que ahora al entrar Hungría en la Unión Europea no le llegaba para tanto. Seguimos nuestra marcha, siempre por el carril paralelo al río que en algún momento se convierte en alguna antigua carretera general que al pasar tan cerca del río debía de sufrir inundaciones y la debieron trasladar apartándola del cauce, paramos a comer en la orilla misma, de las viandas que llevábamos en un ambiente de absoluta soledad. Vamos viendo durante bastante tiempo, a lo lejos, la silueta de una gran cúpula pensando ya nos queda poco para llegar a destino sin pensar que dificultades íbamos a tener para encontrar la buena ruta en las inmediaciones de la ciudad. Resulta que ya llegando, nos debimos pasar un desvío y nos metimos de lleno en las instalaciones de una gran factoría de celulosa la cual nos hizo dar varias vueltas hasta poder encontrar la salida, menos mal que de paso encontramos algún albaricoquero y ciruelo enano que nos reconfortaron un poco. Llegamos a Sturovo y enseguida cruzamos el puente-frontera divisando desde allí, en todo su esplendor, la gran basílica en lo alto del antiguo castillo. Preguntamos en una garita de información, nos tomamos una merecida cerveza en una terraza y nos encaminamos a dar una vuelta en busca del camping (23 €), casi vacío en esta época y nos alojamos en un bungalow bañándonos en su limpia piscina. Después nos fuimos a visitar un poco la ciudad, la basílica, nos topamos con un paisano que hablaba muy bien español el cual nos orientó la ruta para el día siguiente y nos aconsejó un restaurante en el casco antiguo. Así lo hicimos y cenamos de lujo en un patio interior y muy agradable.

60 Km.


• Lunes 9 de julio de 2007: La salida de Esztergom es sobre carril-bici teniendo siempre al río a nuestra izquierda y pasando por innumerables huertos y casas de campo algunas de las cuales disponían de pequeños embarcaderos. Pero pronto se nos acaba lo bueno y nos hemos de meter en la carretera, parando a desayunar en un bar, pasamos por la turística Visegrad, muy bonita y cuidada y nos sorprendimos por la placa-monolito a Bela IV que Valencia donó a la ciudad. A medida que nos acercábamos a Budapest crecían las dificultades para circular, superado Szentendre nos metimos en un carril-bici, pasando al lado de un gran lago en el que se practicaba esquí náutico llevado por un telesquí y con muy buen ambiente, paramos a comer en el restaurante del complejo y como siempre pedimos unas buenas cervezas de medio litro. Poco a poco nos íbamos introduciendo en la gran ciudad y nuestra preocupación pasó a ser el encontrar un hotel, preguntamos por el que teníamos pensado y quedaba demasiado lejos, nos metimos en el centro dando vueltas y sólo encontramos hoteles de lujo que a Mari no le hubiera importado pero yo quería conseguir alguno más ajustado y más cerca del aeropuerto o sea en el lado Pest, para allí nos dirigimos y aconsejados por un colega ciclista encontramos el hotel Rila (68 € noche) de 2 estrellas pero bastante digno y con restaurante en el jardín donde cenamos.

75 Km.

 

BUDAPEST

 

• Martes 10 de julio de 2007: El día amaneció lluvioso pero aún así preferimos desplazarnos con las bicis, teníamos un montón de sitios donde ir, recorrer las calles de Budapest no es únicamente un encuentro con la historia, es todo un viaje de sensaciones, emociones y sabores, producto del misterio y el encanto que envuelve a esta ciudad conocida como "La Perla del Danubio", ofreciendo gran variedad de lugares para visitar, los cuales muestran un vivo reflejo de su historia. Iniciamos el recorrido en Pest haciendo un paseo a lo largo del Danubio, admirando los bellos edificios, visitamos la basílica de San Esteban y allí permanecimos resguardados un buen rato pues llovía copiosamente, más tarde nos acercamos al Parlamento y recorrimos los modernos edificios al lado del río, encontrándonos con un numeroso grupo de españoles, catalanes en su mayoría, que salían de un barco que debía de estar fletado sólo por ellos, nos reconocieron porque llevábamos un plástico en forma de bandera aragonesa en el portabultos de la bici. Después pasamos al lado Buda, comimos en la terraza de un restaurante y emprendimos la subida hacia el Bastión de los Pescadores que goza de un maravilloso panorama de la orilla de Pest, vemos la Iglesia de Matías y el pintoresco barrio de la parte alta de Buda, la Buda antigua, aquí se notaba muchísimo la afluencia de turistas, compramos alguna baratija en un tenderete y bajamos otra vez al nivel del río cruzándolo por última vez para ir rodando por sus avenidas buscando sitios interesantes localizados en el mapa como La Sinagoga, la Plaza de Los Héroes, el Museo de Bellas Artes y el Parque Municipal, muy concurrido. La excursión ya estaba llegando a su fin, con el mapa de la ciudad en nuestro manillar volvemos por un carril-bici inacabable hacia el hotel para, después de una ducha, bajar a cenar a nuestro ya conocido restaurante.


• Miércoles 11 de julio de 2007: La distancia al aeropuerto parecía ser de unos 14 Km. por lo que constaba en los mapas pero a nosotros no nos salieron las cuentas e hicimos bastantes más ya que fuimos por carreteras secundarias. Paramos en un súper a comprar provisiones para comer pues el avión despegaba a las 3. Cuando ya llegamos al aeropuerto, desmontamos las bicis, las introdujimos en las bolsas y nos dispusimos a comer en un rincón de la acera. En un plis-plas nos vimos otra vez en Barcelona y Cambrils sin ningún contratiempo. Cuando escribo estas líneas, llega el momento de saborear cada uno de los momentos vividos, de guardar todas las visiones en nuestra retina, pero sobre todo, llega el momento de comenzar a viajar en nuevos proyectos que nos lleven a no se sabe qué aventuras a lomos de nuestra querida bicicleta.

En Viena no hay coches que como sombras se apropian de todos los espacios, en Viena no hay dobles filas, ni automóviles que rugen a los peatones, en Viena que no esta muy lejos de aquí, la ciudad se mueve en tranvías, los ciudadanos se desplazan en bici en un país eminentemente lluvioso. Viena como otros lugares de la vieja Europa es un ejemplo de ciudad para el peatón. Cuando uno se va de Viena se da cuenta de lo sumamente incomoda y desapacible que es una ciudad como Zaragoza y de lo lejos que estamos de crear una ciudad atractiva para los ciudadanos que antes que coches son peatones.


José Luis Martínez Calvo (CCEBRO, MDB)
Carmen Edo Ramos (MDB)

 

 

 

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